Del 12 de marzo al 25 de abril de 2021

Colección Jordi Planas

Comisario: Miquel-Àngel Codes Luna

La llamada Escuela de Olot, aquella que dicen que retrata la comarca de la Garrotxa verde y húmeda desde el siglo XIX, en realidad, nunca ha existido. No ha pasado nunca de ser una etiqueta vaga en medio de conversaciones vagas. Lo que ha existido –eso sí- es el intento tozudo por parte de muchos pintores de capturar el paisaje de Olot y sus alrededores. Joaquim Vayreda fue el primero, el artista que crearía el topos, el lugar común que inspiraría a tantos. Detrás de él vendrían muchos pintores y de muchos tipos: los trasplantados, los “hijos de”, los que no salen nunca del marco, los que sí que lo hacen. Todos ellos provocaron una densidad de artistas única en el país (todo el mundo en la ciudad conocía personalmente un pintor), una suma de obras gigantesca surgida de una demanda real que desembocó hacia un gesto aislado, personal, a la vez que radical: no intentarlo más. El paisaje de Olot no se capturaría, ni se trasladaría una vez más. Solo se pisaría y se miraría. O no, claro está.